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Crecimiento Espiritual

Pasos para recibir un milagro de Dios

Por Marcos Witt

Tenemos un Dios de milagros. La Biblia dice que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Por lo tanto, Dios hizo, hace y siempre seguirá haciendo milagros. Usted y yo podemos vivir seguros de que nuestra vida es producto de un milagro de Dios.

 

Andan unos por ahí queriendo decir cosas en contra de Jesús. Sin embargo, yo le quiero asegurar que la verdad de Jesús tiene miles de años comprobada y durará para siempre porque es eterna. Jesucristo es la verdad y parte desea verdad es que Él quiere sanarle, restaurarle y derramar abundancia sobre su vida. El es un Dios bueno que quiere dar cosas buenas a su pueblo; es un Dios de milagros y seguirá haciendo milagros. La prueba de la verdad de Jesús es que hoy en día hay familias y matrimonios restaurados, enfermos sanados, personas que han comprobado el milagroso poder de nuestro Señor Jesucristo.

Esa es la prueba máxima de que Él es la verdad. Cuando vengan y le digan «yo no creo que Jesucristo aún pueda hacer milagros», usted puede, con una sonrisa, mirar a los ojos a esa persona y decirle «yo sí puedo creer, no porque alguien me lo platicó, sino porque me ha pasado a mí. Yo soy prueba del milagroso poder de Jesús». Dice el apóstol Pablo que usted y yo somos cartas abiertas leídas por los hombres. Por lo tanto, habemos muchos que podemos testificar de haber sido sanados, restaurados, liberados de las drogas, del alcohol y de muchas otras ataduras. Jesucristo es el milagro que cada uno de nosotros hemos experimentado. Somos pruebas contundentes del milagroso poder de nuestro Señor Jesucristo. Dios hace milagros. Él quiere hacer un milagro en usted. La Palabra de Dios dice que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. La Biblia relata el momento en que el pueblo de Israel salió de Egipto. Egipto es el simbolismo del pueblo de Dios viviendo en esclavitud. Egipto es simbólico del estilo de vida que muchos de nosotros vivimos: esclavos al pecado, a los vicios, a los temores, al diablo, a los placeres de la carne. Sin embargo, un día llegó nuestro Mesías, nuestro Salvador y nos libró de esta esclavitud.

En el Antiguo Testamento, Moisés es un tipo de Jesucristo porque fue y le dijo al Faraón, «deja ir a mi pueblo». Aún así, el Faraón se negó y vinieron las plagas junto con una serie de desastres, pero finalmente, un día glorioso, todo ese pueblo de Dios, salió marchando de Egipto y no sólo se fueron con sus propias pertenencias, sino con el oro, las vacas y los caballos de todos los egipcios. Dice la palabra de Dios que cuando iban saliendo, los egipcios los se encontraban en las puertas de sus casas y les daban sus utensilios, su oro, sus joyas y sus alhajas con tal que se fueran. De la misma manera, cuando usted es liberado de la esclavitud del diablo, por medio de Jesucristo, usted no sólo va a ser libre sino que Dios lo va a prosperar, Dios lo va a bendecir, usted va a despojar al diablo de todo su oro y de toda su plata.

El pueblo de Israel salió por el desierto rumbo a una ciudad que se llamaba Jericó. Jericó tenía la particularidad de que estaba rodeada de unos muros tremendos e impenetrables. Si usted lee Josué capitulo 6, verá que dice que la ciudad estaba bien cerrada. Nadie entraba, nadie salía. Eran unos muros tan grandes que encima de ellos hacían carreras de caballos y en hasta vivía gente. Eran muy anchos y nadie podía entrar a Jericó. Era una ciudad bien fortificada. Estos muros estaban bloqueando el paso del pueblo de Israel hacia su tierra prometida. Hoy en día, estos muros simbolizan, para usted y para mí, aquellas cosas que obstaculizan nuestro paso hacia nuestra tierra
prometida. Cada uno de nosotros tenemos una tierra prometida que el Señor tiene preparada para nosotros, pero muchas veces tenemos que pasar por estos muros y vencerlos. Por ejemplo, si su tierra de promesa es una sanidad física, el muro es la enfermedad, los síntomas que usted está sintiendo.

Algunos necesitamos milagros financieros, milagros familiares, milagros físicos, milagros legales, milagros de todo tipo. Yo tengo unas ganas tremendas de que su fe crezca para que pueda recibir su milagro. Dios no quiere que usted sea uno de esos cristianos que dan lastima. Dios quiere que usted camine como hijo del Rey, que levante sus ojos, que levante su mirada y camine como hijo del Altísimo Dios de los cielos. ¡Él quiere que usted viva como campeón! Es por eso que le voy a hablar de los pasos para recibir un milagro de parte de Dios.

Los pasos para recibir un milagro son:

1. Despierte la esperanza que está dormida en su vida. Usted necesita irse a la recámara donde está dormida «esperanza» y decirle «¡hey Espe! Levantese de ahí, mi amor, que usted y yo tenemos que ir a conquistar una tierra que el Señor nos ha prometido». Hay que despertar la esperanza en nuestras vidas. Hay gente que vive toda su vida sin esperanza; no saben que les va a traer el mañana, están temerosos del mañana. Dios dice que Él quiere que usted viva con esperanza. Crea que Dios queire hacer un milagro. Yo no sé de donde vino esa mentalidad de decir, «no, es que yo no merezco nada. Soy un gusano de Jacob, Dios a mí no me quiere dar nada».

¡Quítese esa mentalidad en el nombre de Jesús! Empiece a decirse al espejo, «yo soy hijo del Altísimo Dios de los cielos. Yo tengo toda dádiva y todo don perfecto. Mi Padre es el dueño de todo el oro, de toda la plata. Él tiene todas
las cosas bajo control. Yo soy su hijo y voy a recibir departe de Él». Despierte, sacuda, vista la esperanza que hay en usted y empiece a caminar con ella.

Esos muros que están frente a usted, pronto van a ser derribados. Si usted solo ve el muro, nunca va a poder ver su milagro. Deje de ver el muro y empiece a ver al Dios que derrumba muros, el Dios de gloria y victoria. Empiece a ver con los ojos de su espíritu. Empiece a ver a su familia restaurada, a sus hijos graduándose de la universidad y siendo exitosos. ¡Vea los muros derribados! La Biblia dice en Jeremías 29, «Yo conozco los planes que tengo para ti, dice el Señor». Dios tiene planes para nosotros. Dios piensa en nosotros. ¿Sabía usted que Dios está pensando en usted ahora mismo? Dice la Biblia que Dios tiene pensamientos de paz y no de mal, para darle un futuro y una esperanza. Hay una esperanza, una gloria, una victoria, un milagro esperando por usted.

Tenemos un Dios de milagros. Servimos a un Dios de milagros. La Biblia dice que Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre. Por lo tanto, si ayer hizo milagros, hoy también está haciendo milagros y siempre seguirá haciendo milagros.

Si usted permite que su fe crezca, usted va a empezar a ver milagros que lo van a sorprender. En el escrito anterior, empecé hablándole a usted acerca de los pasos, los ingredientes para recibir un milagro. 1. Despertar la esperanza.

2. Escuchar una palabra de Dios. Para recibir un milagro, usted y yo necesitamos oir una palabra de Dios. Dice la Biblia que la fe viene por el oír, por el oír la palabra de Dios. Por lo tanto, mientras usted más se exponga a escuchar la palabra de Dios, más va a crecer su fe dentro de su corazón. Es por eso que he estado enseñando acerca de tener fe. “Es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se vé” –declara la palabra de Dios.

Usted necesita tener una palabra de Dios. En Josue 6:2, Dios le dice al pueblo de Israel, “Yo les he entregado la ciudad” yDios lo dice de tal manera, que parece ser ya un hecho. Lo único que tenían que hacer los Israelitas era caminar creyendo, confiando que la palabra que Dios les había dado era una palabra cierta. Cuando Dios le habla a usted y le dice, “yo voy a sanar su enfermedad”, usted puede caminar con la seguridad de que Dios nunca miente. Dice la Biblia que “Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”. Lo que El ha dicho lo va a cumplir. Lo que El empezó, lo va a terminar; lo que El prometió, lo va a cumplir. Dios es un Dios que constantemente está hablando.

Usted y yo necesitamos entender esto. Y quizás usted se pregunte, ¿cómo recibo una palabra de Dios? ¿Cómo sé si Dios me está hablando a mí o no? Es muy sencillo. Usted y yo, muchas veces, lo único que necesitamos hacer es sintonizar el canal correcto para poder escuchar la voz de Dios. El problema es que muchas veces tenemos nuestro sintonizador en cualquier otro canal. Estamos escuchando la opinión de éste, la opinión de aquella, leyendo la opinión del otro, viendo en la televisión la opinión de los demás, pero usted y yo muchas veces tenemos que apagar esas otras voces y solamente escuchar la voz del Espíritu Santo. ¿Y cómo lo hacemos? Sintonizando su palabra. Cuando usted y yo nos metemos en su palabra, El nos va a hablar. Cuando usted y yo apagamos muchas de las otras voces que están hablando, podemos entonces escuchar la voz del Espíritu Santo. Es cuestión de sintonizar el canal correcto, la voz del Espíritu Santo y escuchar atentamente.

Algunos de ustedes, en este mismo momento ya escucharon una voz por parte de Dios, ya escucharon una palabra de parte del Señor. Dios puede hablarle a usted a través de una letra de una canción, a través de una oración. Dios siempre está hablando y lo hace de muchas diferentes maneras. Lo que tenemos que hacer usted y yo es sintonizar la voz de Dios y una vez que tengamos nuestra palabra, meter esa palabra en nuestro espíritu y que nadie nos la robe; creer con toda esperanza que Dios va a cumplir esa palabra. Dios es el que tiene la última palabra. Usted necesita una palabra de Dios que pueda agarrar, que pueda meter dentro de su espíritu, que la pueda masticar y digerir. Usted, para poder recibir un milagro, necesita tener una palabra de Dios. Por eso, lo felicito por leer este escrito. El hecho de que usted lo esté haciendo significa que usted tiene hambre de Dios, y qué bueno porque la Biblia dice que los que tienen hambre y sed serán saciados. Si usted tiene ganas de oir, ¡Dios le va a hablar a usted!

 

Pasaron 7 días después de que el pueblo de Israel recibiera la palabra de parte de Dios y antes de que tomaran posesión de Jericó, pero durante esos 7 días, caminaron como si ya hubiesen recibido y vivido la victoria. Quién sabe cuánto tiempo posiblemente pase antes de que usted obtenga la respuesta a su necesidad, pero si Dios se lo ha prometido, El lo va a cumplir, porque Dios cuando promete, cumple. ¿Tiene usted una palabra de Dios? Agárrese de ella, tómese la palabra de Dios como cuando usted toma pastillas, como usted toma agua todas las mañanas.

Tome la palabra de Dios como parte de su vida diaria, agárrese de una promesa, busque versiculos que hablen acerca de su situación. Recuerde que Dios ha prometido ser su paz, su proveedor, su consolador, su sanador, su restaurador, su fortaleza, su defensor y mucho más. ¡Aférrese a esas promesas! ¡Aférrese a esas palabras! Pasos para recibir un milagro Por Marcos Witt Parte III Un milagro no tiene nada que ver con que usted lo merezca o no porque ninguno de nosotros merecemos la gracia ni el favor, ni el amor, ni la misericordia que hemos recibido de parte de Dios. Todo lo que recibimos de El tiene que ver con los méritos que Cristo Jesús, nuestro Señor, recibió cuando se colgó en la cruz del Calvario por amor a nosotros. Usted tendrá milagros, no porque usted lo merezca sino porque El es grande en misericordia, grande en amor y lo quiere tocar a usted. Dios mira desde el cielo y ve nuestra condición y la Biblia dice que El es movido a compasión. Así que, ¡claro que usted puede recibir un milagro! Es más, entre más necesitado esté usted, más candidato es para recibir un milagro de parte de Dios. Entre más grande sea su necesidad, más grande será su milagro. Dios hace milagros y El quiere hacer uno en su vida.

Cuando el pueblo de Israel estaba llegando a Jericó, Dios les dijo: yo les voy a entregar la ciudad y les voy a pedir que hagan ciertas cosas pero voy a querer que se me queden calladitos, nadie comente nada. Esténse quietos, no estén hablando. Dios les dijo: quiero que marchen alrededor de la ciudad, y los puso a marchar pero con la condición de que tenían que hacerlo en silencio. El problema nuestro es que muchas veces comentamos, hablamos u opinamos tanto que la mayoría de esas veces nuestra misma opinión va en contra de lo que habla la palabra de Dios. Muchas veces nuestras opiniones, las opiniones de la comadre, de la vecina, o del compadre, son contrarias a lo que es la voluntad de Dios para nuestras vidas, y por eso es que en esa ocasión Dios le mandó a decir al pueblo de Israel: esténse quietos, no hablen, no digan nada porque yo voy a obrar, yo voy a hacer la obra. Muchas veces usted tiene que callar las opiniones de las personas que están a su alrededor. Muchas veces esas personas son bien intencionadas, pero el hecho de que tengan buena intención no siempre quiere decir que tengan buena información y la mayoría de veces una mala información con una buena intención, produce una mala reacción. Es por eso que usted y yo necesitamos aprender a escuchar la palabra de Dios, basar nuestras vidas en ella y dejar que Dios obre. Probablemente alguien le ha dicho a usted, “no hay remedio para su hijo, está demasiado perdido en las drogas, en el alcohol, en las gangas, en las pandillas”. Y quizás usted dice, “ay, pues, de verdad no hay esperanza”. No escuche esas palabras. La Biblia dice que Dios vendrá a tu casa y serás salvo tú y toda tu casa. ¡Crea la palabra de Dios! Por eso es que muchas veces tenemos que guardar silencio y no comentar, no opinar. Es la opinión de nuestro Señor la que debemos escuchar.

Asegúrese que las opiniones que usted escuche tengan fundamento en la palabra de Dios. Por eso usted necesita leer su Biblia todos los días y dejar que las opiniones de Dios sean sus opiniones. ¡Imagínese si el pueblo de Israel hubiera podido comentar mientras le daban vuelta a la ciudad por 7 días! Imagínese a las mamás levantándose temprano, haciéndoles el desayuno a la familia y de repente los hijos le dicen a la mamá, “mamá, ¿quién nos dijo que debemos darle una vuelta?” “Pero mamá, ¿para qué otra vuelta si ayer ya le dimos una? Yo me quiero quedar en la cama”. Imagínese los comentarios de los maridos: oiga, ¿por qué tenemos que darle otra vuelta a esta cosa? ¡Ya le hemos dado vuelta todos los días! ¡Yo me quiero quedar en la cama! Y la esposa, “vámonos viejo, el Señor nos dijo que lo hiciéramos”. Imagínese las conversaciones que pudieron haberse generado mientras daban las vueltas. Ahí estaban todos pero nadie podía decir nada. Imagínese si ellos hubiesen podido decir algo como, “¡yo no entiendo por qué es que tenemos que darle vueltas a esta ciudad! Todo el mandado lo tengo echado a perder, toda la ropa sucia, la lavadora allá toda tirada. Tengo que llegar todas las noches a la casa a hacer todo cansado”. Es que cuando no entendemos lo que Dios está haciendo, empezamos a decir cualquier cantidad de barbaridades. Por eso es que muchas veces el Señor dijo, esténse quietos y véanme como voy a obrar, porque a pesar de su opinión, a pesar de sus comentarios, a pesar de lo que usted piense o crea, Dios está obrando en el silencio. Usted no lo entiende, pero Dios se está moviendo. Quédese callado y no ande diciendo cosas negativas. El diablo solo sabe de usted, lo que usted dice en voz alta. El diablo no lee pensamientos, el diablo solo escucha palabras y si usted dice, “es que no hay remedio”, el diablo dice, “agghhh, ¡me agarro de esa palabra!” Y por ahí se mete. Por eso no lo diga. Si va a decir algo, diga algo por fe. Si usted y yo empezamos a analizar, a criticar y a opinar, ahí es donde se va a meter el enemigo, porque el diablo entra cuando le abrimos puertas con nuestras palabras y de ahí se agarra para darle a usted más guerra.

 

No hable, estése quieto y vea como Dios va a moverse. Confíe en que Dios le va a entregar esa ciudad. Recuerde que Dios al principio le prometió al pueblo de Israel que le entregaría la ciudad de Jericó y así lo hizo. De la misma manera Dios le ha entregado a su familia junto con muchas promesas de bendición y prosperidad. Este será el mejor año que usted jamás haya vivido en su vida, este es el año de su favor, de su bendición. Este es el año de la prosperidad de Dios. Simplemente dígale, “Señor, ayúdame a estar quieto y dejar que tú obres”. “Ayúdanos a confiar en ti, a no opinar sino dejar que tú obres a favor nuestro”.

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