El Señor es fiel y desea redimirte para que tu simiente derrote al enemigo y a los gigantes que te amenazan.
Rut 1:8-14 dice:
Y Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido. Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, y le dijeron: Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo. Y Noemí respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿Tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos? Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí. Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella.
Noemí se quedó sola cuando su esposo e hijos murieron. Por lo tanto, sus nueras, Orfa y Ruth también eran viudas. La Biblia dice que había escases y que pasaban por un mal momento, tal como nosotros ahora. Esa palabra significa falta de algo y no se refiere solamente al tema económico. Cuando pasamos por momentos difíciles tenemos tres opciones: volver atrás, quedarnos estancados o movernos hacia adelante. En la Palabra a múltiples ejemplos de cómo Dios obra en medio de las situaciones adversas. Abraham, Isaac y Elías lo vivieron y cada uno tomó decisiones. Muchas veces culpamos a las circunstancias pero solamente hay tres elementos que hacen la diferencia frente a una crisis: tu obediencia, actitud y relación con Dios.
Ruth y Orfa vivieron situaciones similares. Ambas quedaron solas sin cobertura ni provisión, estaban afligidas pero tomaron decisiones contrarias. Muchas mujeres viven en incertidumbre porque anhelan un hombre ungido que las proteja. Tus sueños de ser una empresaria exitosa y de culminar tus estudios también son ejemplos de expectativa y toma de decisiones.
Orfa demostró no tener compromiso. Por el contrario, Ruth se comprometió con su suegra Noemí y no la abandonó. Las mujeres solteras tienen la posibilidad de comprometerse total y absolutamente en el servicio al Señor. Quien no se compromete vive como espectador de la vida de otros pero Dios quiere que seas la protagonista de tu propia historia. Aprende a ser una líder comprometida que tiene grandes expectativas. Al igual que muchas otras jóvenes, desarrollas múltiples actividades pero debes destacarte por tu fidelidad y obediencia. Una misma situación produjo dos resultados, Ruth tomó la decisión correcta, imítala y has la diferencia para que todos lo noten.
El enemigo te ataca porque está escrito que desde el principio habrá enemistad entre tu simiente y la suya. Dios deposita un poder especial en ti para que aniquiles al maligno. Recibir esta revelación siendo jóvenes es maravilloso porque nos ayuda a tener clara nuestra misión en la vida. Todas tenemos simiente, tus deseos y proyectos son semillas espirituales que trascenderán.
Gigantes que amenazan
La historia de Orfa continúa en la Biblia. Goliat y los otros gigantes de Gat que se mencionan en los libros de Samuel y Crónicas son sus descendientes. David era descendiente de Ruth, así que las historias vuelven a encontrarse. El enfrentamiento de ellos se interpreta como la lucha entre el bien y el mal, pero realmente fue una batalla familiar.
Los gigantes son aquellos problemas y circunstancias adversas que magnificamos con nuestra falta de fe. Tú no serás procreadora de gigantes y tu simiente tendrá la capacidad de derrotarlos. Proclámalo porque de esa forma tomarás sabias decisiones, no te lamentarás y serás capaz de liberar a tu familia de toda atadura de vicios, enfermedad y pobreza.
La Redención
Rut 4:1-8 relata:
Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron. Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré. Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión. Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir. Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel. Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato.
La ley del pueblo de Israel mandaba que una viuda fuera redimida por el varón más cercano a la línea familiar del esposo. Hacerlo significaba casarse con ella y darle descendencia. Booz quería asumir la responsabilidad ante Ruth pero no le correspondía, así que observante de la ley, consultó a quien por jerarquía debía hacerlo.
Dos hombres estaban decidiendo el futuro de una mujer que supo ser fiel a su compromiso. Finalmente uno estuvo dispuesto a hacer un pacto por ella y sellarlo con la muestra que marcaba la tradición. Quitarse el zapato significaba ponerse en el lugar del otro y asumir una actitud de honor.
El Redentor
Según lo que leemos en la Palabra, quien recibía el zapato y redimía debía tener cuatro características: ser el más cercano según la línea de sucesión, tener la capacidad de redimir, estar dispuesto a hacerlo y pagar el precio por ello.
Tú ya fuiste redimida por nuestro Señor Jesucristo. Él es el más cercano a ti que tiene la capacidad y disposición, además de pagar el precio. Ha tomado tu zapato y te dará poder para vencer a los gigantes que acechan. La Biblia dice que la mujer herirá a la serpiente en la cabeza y ésta le herirá en el calcañal. Sólo puede herirse un pie descalzo y el tuyo lo está porque Dios tiene tu zapato.
Eres una mujer diferente y especial, capaz de comprometerse con tu Señor y Redentor. Producirás la simiente que aplastará a los gigantes. Declara bendición sobre tu casa y no escuches ninguna palabra negativa que te detenga. Tu Padre te dice que no tengas miedo porque nunca más lucharás con los enemigos del pasado y hay un propósito para tu vida. Sin importar la circunstancia, dale gracias porque te sustentas en la confianza, compromiso y relación estrecha que tienes con Cristo que murió en la cruz para redimirte. A Su lado eres más que vencedor